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Los
orígenes de la pasta.
Numerosas
especies pasaron sobre la superficie de la tierra extinguiéndose
antes de llegar al hombre actual. El hombre cavernario y carnívoro,
con dientes triangulares separados, aptos para desgarrar,
desapareció junto con el oso cavernario.
Decenas
de siglos antes del hombre de Neanderthal, existió otro más
sabio y civilizado, en las tierras situadas hoy entre Palestina
y Afganistán, su boca contenía molares adecuados para masticar
cereales. El trigo ya existía por entonces en forma silvestre.
Conocer
los orígenes de la pasta, significa remontarse a la prehistoria,
10.000 años atrás (8.000 A.C.), cuando aparecen los primeros
cultivos de trigo en el valle del río Jordán. Posteriormente
el cultivo se difunde al valle del Nilo y a Grecia (6.000
A.C.), pasando a través de ésta última del Asia Menor a Europa,
donde es posible hallar indicios a orillas del Danubio (5.000
A.C.) en Yugoslavia.
Aunque pueda
molestar a los italianos, los testimonios más antiguos sobre
empastos de harina, cortados en formas regulares y que se
hervían en agua, se remontan a un antiguo texto chino, el
Hon-Zo, 3.000 años A.C., que contiene instrucciones culinarias
sobre algo parecido a los spaghetti de hoy.
Sin embargo,
tampoco tiene sustento la historia que Marco Polo trajo los
spaghetti a Italia desde la China (1200 DC); en el manuscrito
"Il Milione" dictado a su compañero de prisión Rustichello,
hace referencia a lasañas y no a spaghetti.
Si ahondamos
un poco más en la historia, nos enteramos que cuando los griegos
fundaron Neapolis (ciudad nueva), la actual Nápoles en el
600 A.C., adoptaron un alimento que hacían los nativos del
lugar y que consistía en una pasta de harina de cebada y agua
que secaban al sol y que les gustó tanto que la llamaron "makaria",
palabra que en griego significa felicidad y de donde posiblemente
deriva el término "macarrones", término con el cual,
durante mucho tiempo se designó en Italia a todo tipo de pasta.
En la necrópolis
etrusca de Cerveteri, cerca de Roma, se pueden ver en una
de las tumbas subterráneas, tallados en las paredes, utensilios
como la tabla y el palo de amasar junto a otros objetos de
la vida cotidiana. Los romanos, que conquistaron a los etruscos,
llamaron a las tiras de pasta de trigo "lagana",
de donde deriva probablemente la palabra lasaña, Cicerón (siglo
I A.C.), adoraba esta pasta
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